Por razones de trabajo volví a leer algunos poemas y cuentos de José Emilio Pacheco; vaya, no todo es sudor de la frente ni mortificación y a veces hay encargos muy gratos. La verdad es que hace años (literalmente) que no leía una sola línea de JEP y el reen cuentro me ha resultado muy saludable, en especial en estas circunstancias tan apocalíticas.
JEP es un autor que no se presta al apapacho; es duro como lo han sido los grandes autores clásicos que, en unas cuantas frases resultan ser tan contundentes que no dejan lugar a la duda sobre lo que quiere mostrar y decir.
Otro asunto que me agrada de JEP es esa manía de reescribor; se corre el riesgo de leer hoy algo diferente de lo que se leyó hace veinte o treinta años; ¿soy yo, es el texto es el poeta quien ha cambiado? Sin duda, todos; el mundo es otro en ese fluir permanente heracliteano, tema tan querido de JEP.
Una palabra, una coma, una línea pueden ahcer la diferencia pero, a fin de cuentas, ¿qué más da? Cuando uno relee, juega con la propia memoria, isla a la deriva.
Lean a José Emilio Pacheco; ese puede ser un buen regalo para el autor que cumple en junio 70 años.