Iniciar un blog es fácil, darle continuidad, no tanto. En fin, regresar, ponerse al corriente, eso es lo que importa.
Encontré en un artículo de Fernando Solana la idea de "mente de principiante"; retomarla en las actuales circunstancias (propias y del entorno), ayuda mucho para reconsiderar, a la vez, la idea de levedad (que nada tiene que ver con lo light, que más bien se refiere a lo banal). Por otra parte, me remite a la necesidad de conservar la capacidad de asombro, el gusto por aprender y redescubrir. La casualidad (¿existe?) me llevó a toparme con otras variantes de la idea de mente de principiante; leyendo un libro escrito por filósofos que toman como punto de partida para sus reflexiones el programa de tele Dr. House, y la novela de Umberto Eco La misteriosa llama de la reina Loana, sentí que me acercaba al tema. Por una parte, Gregory House es un personaje complejo que aún recurriendo a la mente de experto, se da el lujo de cerrarla para abrirse a lo nuevo de cada caso; da lo mismo si es por necesidad de la acción dramática o no, el caso es que ilustra según un capítulo del libro que menciono, perfectamente como funciona la mente de principiante (además de referirse a otros muchos temas en verdad interesantes); en la novela de Eco la amnesia parcial del personaje lo coloca en condición de principiante ante muchísimas cosas de su vida y de la vida en general. De ahí, salté a San Agustín (Confesiones) y en una relectura distante muchos años de la primera lectura cuando era un adolescente, me encontré con temas conexos, la memoria y el tiempo, que me abrieron las puertas de otras inquietudes.
Adicionalmente, encontré en una librería de viejo Apocalipsis de D.H. Lawrence, donde el autor al reflexionar sobre su experiencia ante el escrito profético de San Juan, señala que es preferible la relectura de un libro que leer superficiealmente 5 o 6 libros.
El caso es que sí, hay caminos trillados, pero incluso en la rutina hay variantes que pueden pasar desapercibidas, variantes que requieren atención, mucha atención; al no estar atentos, dejamos pasar la vida en toda su riqueza.
Nuca se lee el mismo libro, nunca es el mismo quien lee el libro; bien decía Heráclito que nadie se baña dos veces en el mismo río. En la vida cotidiana sucede lo mismo, no hay historia escrita definitivamente, siempre hay que releerla y rescribirla.
Pero bueno, retomando la fórmula evangélica, quien tenga oídos para oír que escuche, quien tenga ojos para ver, que mire.
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