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martes, 12 de mayo de 2009

El camino sin fín

El camino del sueño
Federico Urtaza

¿Es posible soñar en estos días, cuando experimentamos la realidad como una piedra en el zapato que a cada instante crece, hasta sentirla como una lápida? Da lo mismo si existe esta posibilidad o no, lo que sí queda claro, es que hace falta soñar y, más aún, luchar por lo que se sueña. Este asunto de los sueños es lo que distingue a los hombres de los ratones; para ilustrar el caso, me remito, primero, antes de entrar en materia, a T.E. Lawrence, el de Arabia: “Todos los hombre sueñan, pero no todos sueñan igual. Aquellos que sueñan durante la noche, en los polvorientos nichos de sus mentes, despiertan por la mañana para encontrar que todo fue vanidad; pero los que sueñan en el día, estos son los peligrosos, porque sueñan con los ojos abiertos para hacer que esos sueños lleguen a ser una realidad.”

Soñar, pero también perseverar; así que ahora, ya en materia, cito a Alessandro Baricco: “¿Sabe?, la gente vive muchos años, pero en realidad está vivo sólo cuando consigue hacer aquello para lo que nació. Antes o después no hace otra cosa que esperar y recordar.”

La novela “Esta historia” del italiano Baricco, autor de una buena cantidad de novelas entre las que prefiero “1900” y “Seda” (ambas llevadas a la pantalla), nos habla de la realidad y los sueños y lo hace en un modo tal, que una y otros se vuelven algo similar al horizonte oceánico donde no se nota la línea divisoria entre el cielo y el mar.

El contexto de la historia comienza con la descripción del paso de autos de carrera por un pueblo francés en 1903; la prosa pareciera atorarse y soltarse como para hacerle sentir al lector la manera como se desarrolla la carrera, con accidentes y todo. La historia continúa para llevarnos a Italia, en 1904, cuando el protagonista, Ultimo Parri, tiene siete años de edad y es conducido por su padre ante el establo donde habrá de enterarse que su vida nada tiene con el campo; aquí es donde, de verdad comienza el cuento.

Ultimo es un niño “raro”, de esos que tiene la “sombra de oro”; esa característica lo hace sobresalir de un modo discreto; durante su infancia, mientras con su padre emprenden la aventura de instalar un taller mecánico que repara bicicletas sólo como ejercicio de paciencia en tanto llegan los automóviles que son el verdadero motivo para haber instalado el taller, Ultimo aprende el duro oficio de vivir pero también se le revela su sueño.

Hay instantes en la vida de una persona que la marcan, son algo así como sus “momentos estelares” que sirven de referencia en un largo viaje hacia la propia realización; esas señales indican el pasado y sugieren el rumbo que se habrá de seguir; así, para Ultimo hay tres momentos especiales: cuando con su padre, conduciendo este una camioneta de carga, vuela por unos instantes al trasponer un bordo, cuando, también con su padre, rodea en paseo casi infinito una cuadra en medio de la niebla, cuando presencia una carrera de autos en un camino terregoso.

Bien se dice que infancia es destino, al menos es ciertísimo en el caso de Ultimo, pues en los siguientes capítulos, sin importar lo que sucede, el protagonista se nutre de su sueño (que no revelaré) y pasa en medio de la primera guerra mundial, la que nos es descrita por Baricco con magistral ferocidad, para luego encontrarse en Estados Unidos, donde conocerá a Elizavetta, hija de la nobleza rusa emigrada tras la revolución bolchevique, quien a lo largo de un muy curioso diario da cuenta del carácter algo enigmático de Ultimo. Por cierto, la propia historia de Elizavetta sirve de contraste pues ella es una mujer próxima a la amoralidad mientras que Ultimo, si bien no es un hombre que vive en blanco y negro, se guia por cierta ética que subraya su personalidad introvertida.

Hacia el fin de la novela, Baricco nos narra, a través de Elizavetta, el cumplimiento del sueño de Ultimo; se trata de un relato en el que se combina algo de rispidez con una profunda nota de nostalgia. De verdad, la gente espera o recuerda, así sucede.

Así sucede.

Alessandro Baricco, Esta historia, Anagrama, Barcelona, 2006.

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