La degradación es el signo de la derrota del hombre ante la barbarie; cuando se vive con miedo, cuando la vida, los afectos, el patrimonio o el futuro se ven amenazados, el miedo es la única certeza. Así, el miedo se vuelve casi el único impulso, se experimenta constantemente, se respira, se actúa con miedo y la agresión es la conducta defensiva más común.
En un ambiente donde priva el temor, se deja de pensar bien; se impone la malicia y, como en un profundo y constante estado de guerra, se guarda silencio y éste únicamente se rompe sólo con exclamaciones de dolor, ira o para mandar en el ataque. Con miedo, se rompe todo diálogo, salvo el de las miradas que miran en todas direcciones buscando una nueva amenaza.
En un ambiente donde priva la inseguridad, de la naturaleza que se quiera, la inteligencia se vuelve superflua si no se orienta a la estricta supervivencia; así, se deja de vivir.
Las condiciones en que se vive en el país sugieren una zona de guerra en la que, como suele suceder en todo conflicto bélico, los civiles son los más perjudicados, son las víctimas de los contendientes. Sin duda, lo que acabo de escribir está teñido de catastrofismo, es mi modesta versión del Apocalipsis, versión que me es sugerida al contrastar la lectura de los diarios con la de un libro cuyo autor confía en que la cultura, con todas las amenazas que enfrenta, es lo que más a mano tenemos para salvar nuestra dignidad.
George Steiner, nacido en Viena en 1929, de donde salió con su familia para huir del nacimiento y auge del nazismo; educado en París y Chicago, políglota y apasionado en especial de la literatura, se declara profesor de lectura. Sin embargo, dejando a salvo su modestia, resulta que Steiner es un crítico de la literatura universal y en general de la cultura, actividad que lo muestra como un hombre de una gran inteligencia y de una sensibilidad humanista.
Un ejemplo de la muy amplia obra de George Steiner y acaso una gran puerta para entrar a la misma, lo tenemos en un libro de reciente publicación de Los logócratas, que reúne una atinada muestra de sus ensayos, entrevistas y relatos.
En el primer texto, el que me ha sugerido esta nota, Steiner hace un análisis del origen del lenguaje; en particular, asocia la corriente que sostiene que el lenguaje precede al hombre, con el autoritarismo.
Los ensayos siguientes nos hablan de Walter Benjamin, tres mitos que confrontan la música y la palabra, y luego abre un apartado intitulado Los libros nos necesitan; ahí al mencionar los debates que se hacían en voz baja en algunos campos de concentración, sentencia: “Es a mi juicio esta gran locura, esta adicción al saber y al juego de intelecto lo único que puede al mismo tiempo justificar y asegurar el extraño prodigio de nuestra supervivencia milenaria.”
Para penetrar en la mente de Steiner hace falta (y se disfruta enormemente) leer las dos entrevistas que se incluyen en el tomo que se comenta, para luego pasar a sus “ficciones.” En fin, en medio del miedo que se respira en nuestros días, urge leer y pensar, mirar el mundo, sin fugarse del mismo, de otra manera, como es posible hacerlo a través de las obras que muestran la grandeza del espíritu humano.George Steiner, Los logócratas. Fondo de Cultura Económica / Siruela, México, 2007.
Fuente: Siempre / MéxicoMiércoles, 17 de septiembre de 2008
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